no le saca la vuelta a la ley

Los planes de gobierno:  El sector agrario sigue siendo subvalorado

Editorial de La Revista Agraria N° 180, publicación mensual del CEPES

Publicado: 2016-02-22

Escribe: Fernando Eguren, director de La Revista Agraria

Todos los partidos habilitados para participar en las elecciones presidenciales y congresales del 10 de abril de este año han presentado sus planes de gobierno, requisito indispensable para la inscripción de los candidatos. Una vez que estos quedan inscritos, el JNE no admite, «bajo ninguna circunstancia»(1), pedidos para la modificación de dichos planes: lo escrito, escrito está, y es el compromiso de los partidos ejecutarlos. 

En esta edición de LRA analizamos algunos de los aspectos más saltantes de los planes de gobierno en lo que concierne al sector agrario: los planteamientos relativos a las comunidades campesinas y nativas; a los derechos a la propiedad de la tierra; al tratamiento a las diferencias culturales; y a cuestiones ambientales. 

Ante la imposibilidad de analizar las propuestas de los 19 partidos, se seleccionaron las de cinco: los tres que encabezan hasta el momento las encuestas de opinión: Fuerza Popular, Peruanos Por el Kambio y Alianza para el Progreso; Alianza Popular, porque reúne a los dos partidos institucionalmente más sólidos y con larga trayectoria; y Frente Amplio, por ser la única organización claramente de izquierda. 

El tratamiento que los partidos dan al sector agrario y —en general— a lo rural varía entre sí, pero es común a la mayoría la subvaloración de su importancia económica, social y cultural. En particular, sus planteamientos en torno al desarrollo rural territorial son bastante débiles e incompletos

Esta subvaloración se debe, en buena medida,  al desconocimiento, los prejuicios y la utilización de conceptos sumamente restrictivos de lo que significan lo agrario y lo rural. Las propias definiciones oficiales de lo que es «rural», por ejemplo, llevan a subestimar el peso de la población rural (y, por tanto, también, de su importancia como masa electoral). Lo propio ocurre con las definiciones convencionales de lo que es «agrario», que lo limitan a las actividades primarias, sin considerar los amplios y complejos eslabonamientos con diferentes industrias. Pero también la subvaloración expresa prejuicios socioculturales, que minimizan el valor de las poblaciones campesinas, de sus conocimientos, potencialidades y particularidades culturales. Contribuye a ello la difundida convicción, exacerbada por la ideología neoliberal, de que todo comportamiento que no responda a la maximización de los beneficios económicos es irracional —cuando no primitiva—, ineficiente y conspira contra el desarrollo. 

El grave deterioro de la ética política —que lleva ya varios lustros, pero que en las últimas semanas ha llegado a niveles sumamente preocupantes— nos lleva a preguntar cuál puede ser el compromiso real de las promesas electorales plasmadas en los planes de gobierno: la ciudadanía se ve obligada a hacer un acto de fe y a esperar a que sean cumplidas. Pero esa fe solo tiene sentido si la ciudadanía se libera de su resignación y se convierte en exigente vigilante de los nuevos gobernantes. 

(1) Artículo 32 de la Resolución 5004-2010-JNE, del 27 de diciembre de 2010.

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